martes 7 de julio de 2009

Sobre la felicidad


El anuncio de Josep Mascaró me ha hecho pensar. ¿Somos felices? ¿Es rentable la felicidad?

El filósofo griego Epicuro de Samos, fundador de la corriente filosófica hedonista, identificó, en su ética, la felicidad con el placer o la ausencia de dolor. John Stuart Mill, más tarde, criticó la postura individualista de Epicuro, argumentando que no había suficiente con la búsqueda de la felicidad propia, sino que había que lograr la felicidad y el bienestar del grupo. Su moral utilitarista propone la búsqueda de esa felicidad general, ya que la individual no deja de ser una práctica más o menos legítima de egoísmo, llegando a la conclusión que una acción será positiva si favorece al grupo; es un hedonismo universal.

En ambos casos, la felicidad se logra con momentos de placer, de alegría, de satisfacción... Momentos en los que esa dolorosa sensación que tanto tememos no se encuentra presente en nuestra alma, no está en nuestro interior. Pero debemos diferenciar, dentro de esta definición, entre tranquilidad y ausencia de dolor. ¿Qué deberíamos preferir: una vida totalmente monótona y sin demasiados ajetreos o una vida llena de altibajos? ¿Es preferible padecer molestias y crisis para llegar, más tarde, a la gloria?

Llegar a la felicidad no es, como muchos piensan, una utopía. Sin embargo, no es algo sencillo. Debemos buscarla, encontrarla y saber cómo guardarla y no dejarla escapar. Muy pocos han logrado mantenerla durante toda su vida. Para encontrarla no hace falta que hagamos virguerías. Pararse, mirar y contemplar el mundo que nos rodea, pensar. Sólo así comprenderemos que la gloria no va, necesariamente, ligada a la felicidad. No obstante, algo que sí mantiene una conexión necesaria con la felicidad son aquellas personas que nos rodean. Desde el familiar más querido hasta el propietario del quiosco que día a día te saluda, pasando por el amor de tu vida, el gran amigo que nunca te fallará y la gente que queda por conocer. Todos contribuyen en nuestra felicidad y sin ellos nada sería igual, la felicidad no sería posible.

En realidad, nadie conocerá nunca el significado universal de la verdadera felicidad, pues la persona sólo será consciente de la suya en el positivo caso de que logre alcanzarla, algo que no es tarea fácil. Cuando la felicidad sea alcanzada por uno mismo, tampoco tendrá ninguna definición ni significado válido para todos, porque sólo la persona que llegue a ella podrá disfrutarla pero no contagiarla en su total plenitud. Eso es un imposible.

¿Y si corremos el riesgo de ser felices?

3 rajadas:

Little dijo...

La felicidad es una escala numérica que cada uno se hace. Cuanto más baja sea la puntuación de la escala numérica más feliz eres.

Anónimo dijo...

Tu professora de filosofia ya puede estar contenta, la lección quedó bien entendida. Te pedirá el copyrigh :).

Moi dijo...

Mi profesora de filosofia era Roser Atmetlla, sin duda una de las mejores que he tenido nunca. He aprendido mucho y gracias a ella tengo una visión mucho más real del mundo.